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  • Fernanda de la Torre V

“MEMENTO MORI. RECUERDA: ERES MORTAL”

Actualizado: 17 de feb de 2019



Comparto mi colaboración en Contrapeso Ciudadano

http://www.contrapesociudadano.com/memento-mori-recuerda-eres-mortal/


l poder cambia la personalidad. Pocas drogas causan tanta adicción y generan tantos cambios en la personalidad como el poder y el éxito. Por efímeros que sean. El tener los reflectores encima, provoca la creencia (errónea, desde luego) de que nos hemos transformado en dioses y que podemos hacer o decir lo que sea. ¡Locura total! El poder ocasiona que personas que solían ser amables, se transformen en auténticos gandallas. Profundamente democrática, esta locura no respeta género, edad o condición. Eso es lo que la hace tan peligrosa: nadie está exento.  Puede ser momentánea o durar muchos años. Para complicar las cosas, los “reflectores” vienen en diversas formas, tamaños y colores, todos pueden encontrar el suyo. Para algunos, su reflector será la silla presidencial, una gubernatura, secretaría, o curul; para otros estar a cuadro, obtener un puesto académico, obtener una medalla en el deporte, ser influencers, estrellas de rock, etc.

Los romanos, conocedores de lo que el poder y la victoria pueden hacer con la naturaleza humana, idearon un sistema para evitar que quienes los detentaban enloquecieran por su causa. Así, cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, existía la costumbre de que un esclavo sostuviera por encima de su cabeza la corona de laureles susurrando al oído, –en medio de las aclamaciones de la multitud–, Memento mori. Frase que significa: “Recuerda que eres mortal (y no un Dios)”. Con estas palabras intentaban recordarle las limitaciones de la naturaleza humana; lo efímero de la existencia y de las alabanzas y el poder.

Cuando un general desfilaba victorioso en Roma, existía la costumbre de que un esclavo le susurrara al oído Memento mori. Frase que significa: “Recuerda que eres mortal”

Tan extendida estaba esa sabia costumbre, que como un gesto simbólico de confianza, el Senado otorgó a Octavio César el privilegio de portar la corona de laureles sobre su cabeza sin que la detuviera nadie, pensando, que era lo suficientemente sensato y que no necesitaba que le recordaran la fragilidad de la existencia humana. Milenios han pasado, el Imperio Romano sólo está en los libros de historia, y a pesar de que la sabia costumbre está en desuso; la necesidad de que nos recuerden que somos mortales, sigue tan vigente como en las épocas romanas. Todos en algún momento de nuestra vida, necesitamos que nos susurren: Memento mori.

Los aires de grandeza no llevan a nada bueno. Bajo los efectos de esta potente droga, hemos visto a lo largo de la historia a un sin fin de grandes personajes cometer atrocidades, abusos, realizar declaraciones absurdas y actos que rayan en la locura o plena estupidez.

Hoy en día, si bien no tenemos generales romanos, no es difícil ver ejemplos de políticos, actores, deportistas, gerentes de empresa, desubicados por el poder, por insignificante que este sea. Parecería que a muchos de ellos tienen a un esclavo susurrándoles justamente lo contrario: “Recuerda que vivirás para siempre”. Fallo total.  Si entre artistas y deportistas tener un “memento mori” parecería un lujo, entre los servidores públicos –de todo el mundo–, el tener alguien que les susurre Memento mori, no es una carga burocrática ni un lujo, es una necesidad de primer orden.

Hoy, otorgamos la corona de laureles a gobernantes, artistas, deportistas, empresarios, pero sin el esclavo que recuerde lo efímero de la fama y nuestra naturaleza humana. Ahora que en los siguientes días muchos detentarán el poder en nuestros país, quizá sea una oportunidad única para retomar esta sabia costumbre romana y recordar que la vida da muchas vueltas y que no somos otra cosa más que simples mortales. Repitamos: Memento mori, memento mori…   

El que los funcionarios necesiten unas pastillas de ubicatex no está a discusión. Le son indispensables, y para muestra lo que hemos escuchado en los últimos meses. La pregunta es: ¿Quién sería la persona que debe susurrar al oído de un político que es un simple mortal, con un poder temporal? La respuesta es sencilla: Nosotros. Tenemos que hacer un CONTRAPESO CIUDADANO. No podemos darnos el lujo de no participar en la democracia, de no opinar, levantar los hombros y decir que no pasa nada. No podemos justificar lo injustificable. Tenemos que aprender a ser críticos, objetivos y participativos. Cada uno desde su trinchera. Sería ideal que en la Cuarta Transformación existiese un consejo que le hablara con la verdad a los servidores públicos, no con lo que quieren oír. Si de algo sirve, me ofrezco de voluntaria.


Espero sus comentarios en: @FernandaTinfo@neteandoconfernanda.com

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