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  • Fernanda de la Torre V

De regreso…



Regreso de unas maravillosas vacaciones. Ese tiempo en que, como dice el Diccionario, tomamos un descanso de una actividad habitual. Salimos de la rutina del trabajo o estudios. Esta ruptura con lo cotidiano, abre paso a múltiples posibilidades dependiendo de los gustos de cada uno. Mis vacaciones no necesariamente implican un descanso, en el sentido tradicional; pero esas levantadas en la madrugada, largas caminatas, frustración en aeropuertos y vuelos retrasados son elementos clave para la desconexión a la rutina. Adoro esos momentos durante las vacaciones en que no sé si es lunes o martes ni en qué día estamos. Señal inequívoca de que “me desconecté” y estoy en pleno “estado vacacional”.

Una parte muy importante para el descanso mental, fue la ausencia de Internet durante varias horas del día. Mi celular durante el viaje fue la mayor parte del tiempo sólo una cámara fotográfica y me permitió, si no desconectarme del todo, lograr tomar una sana distancia de noticias, redes sociales y correos electrónicos. Creo que es una práctica que debo implementar en mi rutina cotidiana: apagar el celular un rato todos los días. Es necesario desconectarse, para poder conectarse con uno mismo.

Para estas vacaciones decidí volver a Egipto, país cuya historia no deja de fascinarme. Me maravilla lo que veo, –para mí, la Sala Hipóstila del Templo de Amón en Karnak es lo más bonito que he visto– y todo lo que implica. Eso que algunos llaman “ruinas arqueologicas” para mí, son el testimonio de una gran civilización. En esos lugares podemos apreciar la maestría de sus artesanos, el conocimiento de sus ingenieros, la sapiencia de sacerdotes y escribas y el poder de sus faraones. La Sala Hipóstila que el faraón Seti I mandó construir, tiene 134 columnas en forma de papiro. Las doce columnas centrales tienen 21 metros de alto y forma de papiro abierto en sus capiteles, mientras que el resto son más pequeñas y sus capitales tienen forma de papiro cerrado ya que esa parte de la sala estaba techada y no entraba el sol. Algunas de las columnas bellamente decoradas, todavía tienen algunos pigmentos originales. Difícilmente se puede poner en palabras el sentimiento de estar ahí.

El tiempo toma otra dimensión en el Egipto de los faraones. Casi dos mil años separan el reinado de Narmer (considerado por algunos en fundador de la primera dinastía) en 3100 a.C. del reinado de Seti I en 1318 a.C. Para ponernos en perspectiva, esos dieciocho siglos son aproximadamente lo que nos separa hoy de los tiempos de Aureliano y Dioclesiano en el Imperio Romano. Y pensar que de tiempos de Seti I todavía habrían de pasar otros mil años más para que llegara Alejandro Magno a esas tierras. Supongo que por ello, entre más estudio la historia de Egipto, más me doy cuenta de lo poco que sé.

Regresar a lo cotidiano y rutinario también tiene su encanto. Entramos en “modo habitual” y en el diario correr de nuestra existencia, pero con ojos frescos y nuevos bríos. Apreciamos las delicias de lo conocido bajo la luz de las experiencias vividas. Me da gusto estar de regreso en este blog con ustedes.

Buen domingo a todos. Gracias por leerme.

Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT o en mi correo: info@neteandoconfernanda.com



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