¿Qué no hay pan? ¡Qué les den Hernán Cortés!
- Fernanda de la Torre V
- hace 2 días
- 3 Min. de lectura

Con la Revolución Francesa a punto de estallar, la reina María Antonieta no entendía por qué el pueblo no comía pastel a falta de pan. Alejada de la realidad de la nación que gobernaba, era incapaz de comprender el sufrimiento de su gente ni los problemas que llevaban a Francia al borde del abismo.
México enfrenta problemas serios y urgentes. La extradición solicitada por Estados Unidos de al menos 10 políticos sinaloenses con presuntos vínculos con el crimen organizado abre preguntas incómodas sobre la profundidad de la colusión entre el narco y el poder político. La cancelación de semanas completas del ciclo escolar por el Mundial de Futbol —un torneo que se sabía desde hace años que México co-organizaría— tomó a padres de familia por sorpresa, sin plan, sin solución y sin disculpa. Y las investigaciones en curso sobre irregularidades en varios consulados mexicanos en Estados Unidos apuntan a posibles filtraciones de información sensible que nadie ha explicado con claridad. Tres temas graves, urgentes y con consecuencias reales para millones de mexicanos. Y sin embargo, el debate nacional de la semana quedó secuestrado por Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, quien vino a declarar que la conquista había sido "cinco siglos de amor" y pretendía realizar un homenaje a Hernán Cortés en la Catedral Metropolitana, cosa que la Arquidiócesis canceló con firmeza encomiable, señalando que la catedral no es lugar para exaltar personas ni hechos históricos. Punto. Ayuso remató afirmando que el mestizaje era "el mensaje de la esperanza y la alegría", una frase que difícilmente podría sostener alguien que haya leído con honestidad la historia de la conquista. Y de paso, vino a visitar un país cuyo nombre escribió mal adrede. Todo esto viniendo de una política que, según las encuestas más recientes, roza el 47% de apoyo en su feudo madrileño pero que, fuera de la Comunidad de Madrid, es poco más que una figura regional.
Uno pensaría que ante semejante acumulación de problemas reales, la oposición mexicana estaría con el dedo en el renglón: denunciando la colusión entre el gobierno y el crimen organizado, exigiendo explicaciones por la suspensión de clases o pidiendo claridad sobre los consulados. Pero no. Se instalaron cómodamente en el papel de María Antonieta, rasgándose las vestiduras en X con sendos posts disculpándose con Díaz Ayuso, una política regional que, no representa al gobierno de España, ni a la Corona, ni a la posición oficial de ese país en materia histórica. ¿De verdad creen que al mexicano que vive con la violencia encima, que no sabe cómo va a cuidar a sus hijos con estas vacaciones inesperadas, le quita el sueño la agenda de una mandataria madrileña?
Si la insensibilidad del gobierno es aterradora, las prioridades de la oposición panista y de cierto aspirante a partido político —"sociedad civil"— son francamente escalofriantes. Excluyo al PRI en este punto específico, porque más allá de las críticas que merece —y son varias— al menos esta semana no abandonó los temas que realmente importan. La distancia entre unos y otros fue abismal.
México también está al borde de su propio abismo. La violencia del crimen organizado carcome al país desde adentro, la credibilidad institucional se desmorona y la incertidumbre económica no da un momento de. respiro. En ese contexto, no sorprende que el gobierno haya respirado aliviado esta semana: difícilmente pudo haberle caído mejor regalo que una política madrileña desviando la conversación nacional del narco, la extradición y los consulados hacia una polémica de salón sobre conquistadores muertos hace cinco siglos.
Pero la oposición no tiene esa excusa. Su obligación —y su oportunidad— es mantener la mirada fija en lo que verdaderamente importa y trasciende, sin dejarse arrastrar por cada provocación que aparezca en el timeline. Dejemos a Cortés para cuando haya tiempo (y cordura) para esa conversación. Por ahora, conviene recordar que María Antonieta también pensó que los problemas del reino podían ignorarse indefinidamente. Ya sabemos cómo y dónde terminó.
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