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  • Fernanda de la Torre V

Especialistas del desprecio




La semana pasada un amigo me pregunto mientras hablábamos: ¿Te has dado cuenta qué hay gente que se aferra a exigirle a su pareja cosas que no puede cumplir? Me quedé mirándolo sin saber qué contestar. Él continuó: “Ante las exigencias imposibles, el otro manda todas las señales posibles de que está incapacitado para cumplir ya sea porque no quiere, no puede; o bien, tiene una circunstancia “x” que se lo impide. Y a pesar de ello, se lo siguen exigiendo. ¿Por qué lo hacen si saben que no se los pueden dar?”.


Mi amigo Ramón tiene razón. Hay quienes pasan su vida en el absurdo, pidiendo lo imposible a quienes aman, sabiendo que no lo pueden cumplir. Después de todo, si alguien los conoce bien, eres tú. Sabes cuáles son sus fortalezas y debilidades; sabes qué es lo que pueden hacer y lo que está más allá de sus capacidades. Entonces, ¿Por qué pedir algo imposible? Ojo: No estamos hablando de cambios posibles. La gente puede cambiar. Conocemos a personas que han dejado sus adicciones, otrora flojonazos que corren maratones y reconocidos mujeriegos que se convierten en un ejemplo de fidelidad. Aquí no se trata de cambiar, sino de pedir imposibles.


Estos “exigentes” tampoco buscan que su pareja saque lo mejor de sí mismo para que alcance una meta. Por el contrario. Plantean una meta inalcanzable.“Es que no ves a tus hijos, jamás estás en casa, ellos te necesitan…” le reclamaba una mujer a su esposo. Evidentemente no los veía. Trabajaba de sol a sol en una empresa a la que le tomaba llegar casi dos horas. Tenía que salir muy temprano y no podía llevar a sus hijos a la escuela, ni llegar a comer. Para cuando volvía a casa los pequeños estaban dormidos o listos para irse a la cama. Trató de buscar un trabajo que estuviera más cerca. No lo obtuvo. Desde luego que quería pasar más tiempo por su familia, pero en ese momento le era imposible; era eso o no tener trabajo. A pesar de saberlo, su mujer seguía todos los días con la cantaleta. Parecería que el hacerlo sentir mal, la hace sentir bien.


Para mi amigo, lo verdaderamente patético es que el objetivo de esas exigencias es que sean incumplidas. Sí, tal cual. Existe un deseo de corroborar la incompetencia de su media naranja. Hacerlo sentir menos, que no está a la altura, que o le puede cumplir. Algo así como recalcarle: “¡Ah! ¿Ves que no puedes?”


¿Por qué hacer esto? La clave está en el desprecio… De acuerdo con Ramón, hay mucha gente que son “merodeadores de ricos” (o wannabes) cuya única manera de sentirse medianamente importantes, que pertenecen a ese mundo ficticio es haciendo menos a los demás. Es la única manera. Es gente especializada en el desprecio. Este desprecio a su pareja, paradójicamente los hace sentir bien.


Paradójicamente, mientras más humillan a su pareja, la hacen sentir menos, hablan mal de ella, y son las eternas víctimas de esos “rufianes”; ellos son los que quedan mal. No olvidemos que finalmente fueron ellos, y sólo ellos, quienes eligieron a esa persona que las “defrauda” siempre. Ellos eligieron abrirles su corazón y compartir con éstos supuestos defraudadores su existencia. Por ende, lo que en realidad están diciendo (aunque son incapaces de darse cuanta), es que no merecen algo mejor que esa persona a la que desprecian; ya que si ellos así lo quisieran, podrían esta solos o con otra persona.

El estar con alguien al que no valoramos o despreciamos es una clara radiografía de nuestros problemas. El despreciar a cualquier persona, sean familiares, empleados, jefes, amigos, conocidos, desconocidos, a quien sea, es una señal inequívoca de que tu autoestima está tan baja que tienes que encontrar fallas en el otro para sentirte bien. Alguien con una sana autoestima no trataría así a nadie y menos a alguien que ama. Sin duda el desprecio es como un espejo que implemente refleja lo baja opinión que tienes de ti mismo.


Buen domingo a todos y gracias por leerme


Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT o enviando un correo a: info@neteandoconfernanda.com


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