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  • Fernanda de la Torre V

El dios rojo



El viernes pasado tuve que ir a un centro comercial para recoger mis nuevos lentes. De inicio no quedaron bien y había que ajustarlos. El centro comercial dónde se encuentra la óptica, estaba lleno. Mientras esperaba el ajuste, escuché a una mujer apremiar a su hija ya que cerrarían en media hora y todavía faltaba comprar muchos regalos. “Navidad sin regalos no es Navidad” dijo mientras caminaba con sus bolsas, para seguir comprando. Cuando me dirigía a toda prisa para llegar a mi auto, crucé una tienda departamental adornada con muñecos de nieve y renos, recordé un cuento que escribí hace algunos años sobre la locura en la que hemos convertido el cumpleaños de Jesucristo titulado: El dios rojo y que hoy quiero compartir con ustedes.

Planeta Tierra, año 3008. Un grupo de arqueólogos escarba cuidadosamente. Sus sensores les dicen que han encontrado algo. Inmediatamente dos robots; con sumo cuidado limpian el área. La figura de plástico rojo brilla casi intacta después de mil años de enterrada. Los arqueólogos se miran sonrientes. “¡Una figura del dios rojo!”, exclaman. “No cabe duda”, confirma el jefe de la expedición.

“Está representado con todos sus atributos”. Un joven arqueólogo, recién salido de la Universidad y que participa por primera vez en la expedición pregunta: “¿Quién es el dios rojo?” El jefe de la expedición, paciente y condescendiente, comienza la explicación para el novato arqueólogo. “El dios rojo siempre se representa con una barba blanca, traje y sombrero rojo, cinturón y botas negras. Esta es una pieza única, ya que por ser de plástico se ha conservado casi intacta”.

El joven arqueólogo mira al dios rojo como embobado. Quizá por eso el jefe se decide a contarle su historia:

“Pues mire usted, joven. Al dios rojo se le veneraba casi por toda la faz del planeta Tierra. Su fiesta era el 25 de diciembre, pero se empezaba a preparar muchos meses antes. Las ofrendas al dios rojo eran siempre regalos. Los sacerdotes de su culto eran los mercaderes, quienes se dedicaban a propagar su imagen meses antes para ganar adeptos. El objetivo del culto era consumir, pero para que no sonara burdo lo disfrazaban de festejo familiar y de amor.


“Era fácil caer en el culto del consumo sin darse cuenta. Los sacerdotes le hacían creer que para tener el espíritu de la fiesta, además de los regalos, había que comprar nuevos adornos para los hogares. En su mayoría, eran productos no ecológicos, talaban árboles y había que adornarlos con luces. Había quienes llenaban su casa de luces sin pensar en el desperdicio de electricidad”.


Horrorizado por la tala de árboles el joven arqueólogo exclamo: “¡Era un dios cruel, no pensaba en el planeta!” “Así es”, asintió el arqueólogo líder, antes de continuar con su relato.

“En el siglo XXI, viendo el deterioro del planeta, unos cuantos se empezaron a preocupar y a buscar energías renovables. Sin embargo, los seguidores del culto lo ignoraban y so pretexto de celebrar al dios rojo era común ver casas llenas de luces y árboles prendidos que desperdiciaban la poca energía que les quedaba. Los que podían, invocaban el espíritu del dios rojo, llenando con su imagen todo lo habido y por haber. Desde escobas hasta papel del baño, todo lo imaginable. Hemos encontrado una inimaginable cantidad de objetos con la imagen del dios rojo en diversas excavaciones.

“Era una fiesta muy costosa: había que dar regalos a los familiares, desde luego, y a una larga lista de conocidos. Si no los recibían, se ofendían. Los mercaderes o sacerdotes de culto los habían convencido de gastar era una manera de demostrar amor. Así, pensando que un regalo representaba amor, muchos se llenaban de deudas del dinero plástico, lo cual alegraba a los usureros de la época.

Para cuando comenzaba el ciclo, en el segmento periódico que llamaban enero, la mayoría tenía deudas.

“En los lugares de trabajo también se festejaba al dios rojo, con intercambios de regalos y adornos. Durante el mes de diciembre se hacían varias fiestas donde se comía y bebía en exceso. La mayoría de los mercados estaban llenos de imágenes del dios rojo con sus renos (uno de ellos con nariz roja) y duendes. Se pensaba que vivía en el Polo Norte y que hacía juguetes para los niños. Pero eran los padres quienes los compraban y se los dejaban a sus niños. No se atrevían a decir que el dios rojo era un invento. Les parecía hermoso que creyeran que había un hombre que hacía juguetes para ellos”.


“Disculpe, maestro, pero hay algo que no entiendo”, dijo el joven arqueólogo. “¿Por qué no se han encontrado vestigios del dios rojo en excavaciones anteriores si era tan importante? ¿Por qué sólo encontramos representaciones del niño con sus padres?”

El líder de la expedición lanzó un suspiro. “Jovencito, debería usted estudiar más. El dios rojo vino a reemplazar a otro dios, al que llamaban Jesús el Salvador. Por muchos siglos, la fiesta del dios rojo no existía. El 25 de diciembre se celebraba el nacimiento de Jesús. La tradición de celebrar su nacimiento en familia perduró por muchos siglos, pero a principios del siglo XX una empresa de bebida carbonatada inventó al dios rojo.


“Los mercaderes y usureros vieron beneficios y cultivaron el culto al dios rojo. Poco a poco se olvidaron de Jesús y su mensaje de amor. El dios rojo fue ganando adeptos. Para el siglo XXI pocos se acordaban de él. Desapareció de la memoria colectiva el verdadero significado de la fiesta. Hasta los que se decían ser los más fieles seguidores de Jesús adornaban sus casas con el dios rojo, que no representaba el amor, sino el consumismo. Unos cuantos, se dieron cuenta del engaño y se resistieron a caer en el culto de consumismo. Los demás los veían como bichos raros, y los llamaban grinchs”.


“Es verdaderamente una historia triste, señor”, dijo el muchacho, mirando con aire de enojo la redonda figura roja.


Sin duda, esta celebración de la natividad de Jesús será diferente en todas partes del mundo. Muchas reuniones serán virtuales o no se celebrarán; lo cual es una señal de solidaridad y empatía, al igual que el uso del cubrebocas. Espero que el covid, que ha trastocado nuestras vidas, nos ayude a recordar que es una festividad que celebra la fraternidad y el amor y no depende de fiestas, regalos y gastos innecesarios.

Buen domingo a todos y gracias por leerme.


Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT o enviando un correo a: info@neteandoconfernanda.com


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