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  • Fernanda de la Torre V

De soledades y pandemias

“Sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo. –Lord Byron


No es lo mismo estar solo que sentirse solo. La soledad es la mera circunstancia de no tener compañía. Esto no es positivo ni negativo, es un hecho a tener en cuenta, nada más. Sin embargo, el sentimiento de soledad es otra cosa. Nos abruma y llena de tristeza. El sentimiento de soledad no depende de si hay o no personas a nuestro alrededor, sino de nuestro ánimo. Es posible sentirse solo en un concierto en un estadio rodeado de miles y miles de personas.


La pandemia nos ha obligado a aislarnos, pero no es necesario que nos sintamos solos, aunque no haya más personas a nuestro alrededor. Es decir, el estar solo nos permite verdaderamente conocernos, lo cual es clave para emprender nuestra vida, sueños y metas. De hecho, la pandemia ha sido una gran oportunidad no sólo para conocernos sino para aprender a ser buenas auto-compañías. Una de las mejor inversiones que podemos hacer es invertir tiempo en hacer lo que amamos. Dejar a un lado los “tengo qué” para buscar los “quiero”. La soledad no es una amenaza, puede ser una gran aliada, si así elegimos verla.


El concepto de disfrutar de la soledad, no es muy taquillero. A pesar de que nacemos solos y morimos solos, nos cuesta trabajo aprender a relacionarnos bien con la soledad. Para muchos la ausencia de otros les resulta insoportable. El infierno está todo en esta palabra: soledad, decía Víctor Hugo. Para Guy de Maupassant nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad. Y sí, efectivamente, hay quienes tienen tanto miedo a la soledad que encienden la radio o la televisión cuando tienen que hacer sus tareas físicamente aislados. Esto los hace sentirse acompañados: necesitan del ruido para evadir la soledad que el silencio les recuerda.


Algunos piensan que el matrimonio o una pareja es la solución a sus problemas de soledad. Desafortunadamente, tener compañía no garantiza que nos sentiremos acompañados, ni que nos sentiremos bien. Es posible sentirse solos a pesar de que haya otra persona compartiendo nuestra cama. Quizá esa sea la soledad más dolorosa: compartir la misma cama, pero no los mismos sueños


Quienes han vivido este tipo de soledad, saben que no existe peor soledad que ésta. Aquellos a quienes aterra la soledad prefieren ignorar el deterioro de su relación y seguir ahí, o bien, pasan de una relación a otra (de un peor es nada a otro tal vez peor) con tal de no estar solos. El refrán de “Más vale solo, que mal acompañado” definitivamente no es aplicable a su caso. Pero al final, cada uno es libre de escoger su camino y decidir qué es lo prefiere. Tal vez el justo medio se encuentre en las palabras de Stendhal: “La soledad es necesaria para gozar de nuestro propio corazón y para amar; pero para triunfar en la vida es preciso dar algo de nuestra vida al mayor número posible de personas”.


Buen domingo a todos.


Nota: El día de hoy, domingo 6 de septiembre estaré con Cristina Jaúregui por Facebook live y YouTube live a las 20:00 horas en El arte de ser feliz, dónde hablaremos de las relaciones rotas y la soledad.


Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT


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