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  • Foto del escritorFernanda de la Torre V

Si los muros hablaran… Centro Rockefeller



Fue el magnate petrolero John Davidson Rockefeller, quien comenzó a soñar con mis muros a finales de los años veinte, con el afán de dar nueva vida al centro de Manhattan con nuevas actividades económicas. Considerado el hombre más rico de la historia, como pueden imaginar los sueños de John eran enormes. Una ciudad dentro de una ciudad, nada menos. Un complejo con edificios de oficinas y comercios y teatros. Si algo han aprendido mis muros, es que los sueños de tales magnitudes no se realizan sin contratiempos. ¡Y vaya qué los hubo! Desafortunadamente, la salud de John no era buena, empeoraba así que fue su hijo con el mismo nombre quien se encargó de dar vida a los sueños de su padre.

En 1928 John D. Rockefeller Jr. rentó a la Universidad de Columbia por 87 años los terrenos en los que reposarían mis muros. Consiguió un financiamiento con Metropolitan Life Insurance Company por 250 millones de dólares, una cantidad asombrosa para la época. Puede sonar presuntuoso, pero soy el mayor proyecto de construcción privada realizado en tiempos modernos.

Si bien la crisis económica de 1929 pondría en pausa mi realización y cambiaría sustancialmente los planes originales de los Rockefeller, no la detendría. Así, en 1931 comenzaron la excavación de los terrenos ubicados entre las calles 48 y 51 y entre la Quinta y Sexta Avenida de Nueva York.

Inicialmente invitaron a diversos despachos arquitectónicos para diseñarme, pero sus excéntricas propuestas fueron desechadas. Rockefeller contrató como desarrollador del proyecto a la firma Todd, Robertson y Todd y éste a su vez puso a tres firmas de arquitectos a diseñar el proyecto. A pesar de que se decidió trabajar bajo el esquema de “Arquitectos Asociados” el arquitecto que estuvo al frente, coordino a los despachos y destacó entre los demás fue Raymond Hood.

Me pensaron en el estilo Art Déco, con sus características líneas rectas, sobrias influenciadas por el cubismo, constructivismo y futurismo. Se estima que unas 225 mil personas participaron en mi construcción, incluyendo trabajadores que estaban fuera del complejo. Esto le valió a John Jr.  Ser elogiado por la creación de empleos y poner en marcha la economía de la ciudad que sufrí los estragos de La Gran Depresión. Finalmente en 1939 me inauguraron con el nombre de Centro Rockefeller.

John padre no pudo ver su sueño terminado, falleció en Florida en 1937, pero su sueño vive en mí hasta el día de hoy. Millones de personas me han visitado. Mis muros albergan oficinas, tiendas, restaurantes y teatros que albergan tantas historias interesantes que harían falta muchísimos libros para relatarlas. He sido escenario de míticas películas y series que se han rodado en Manhattan. La decoración navideña de mis muros con su inmenso Árbol de Navidad y la pista de patinaje sobre hielo, es visitada por miles cada año. Sin duda, soy uno de los lugares más animados en la ciudad en esa época.

El mayor de los edificios que me componen es el rascacielos de la General Electric (Originalmente Edificio RCA). Con 50 pisos, se encuentra inscrito en el Registro Nacional de Lugares Históricos desde el 28 de enero de 2004. En las páginas de la historia, se encuentra también el mural “El hombre en la encrucijada” que el famoso muralista mexicano Diego Rivera realizó para mi vestíbulo en 1933. Inicialmente, la familia Rockefeller aprobó la idea de un contraste entre el comunismo y capitalismo, pero ante la versión terminada Nelson, el hijo de John, le pidió al muralista que borrara a Lennin del mural. Todavía recuerdo las palabras del artista: “Antes muerto, que mutilar mi obra”. Fiel a su palabra, Diego no la mutiló, pero Ilich Vladimir Lennin no tenía cabida en las entrañas de un monumento al capitalismo, como soy yo. El mural fue destruido y un mural del catalán Josep María Serp ocupó su lugar.  Sí, mis muros han son testigos de que hay sueños que se convierten en realidades y otros que se transforman en pesadillas.


Gracias por leerme. Buen domingo a todos.


Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT






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