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  • Fernanda de la Torre V

Ojo: los insultos hablan más del emisor, que del destinatario



“Los insultos son los argumentos empleados por quienes están equivocados” Jean-Jacques Rousseau.


La semana pasada, hablaba del cuidado que debemos tener con las distracciones a fin de poder centrarnos en lo importante. Gran parte de dejar las distracciones de lado, es lograr no “engancharnos” con aquello que no nos deja nada positivo. Prestar atención a un insulto es un buen ejemplo de ello.

Las redes sociales pueden ser, si así lo decidimos, un gran distractor. De la misma forma que un comentario en Twitter puede recibir cientos de “likes”, puede ser objeto de miles insultos. Soy la primera en reconocer que no es fácil hacer piel de cocodrilo a los insultos, los peores suelen provenir de cobardes que se escudan en el anonimato para proferirlos. Por molestos o dolorosos que sean, es necesario aprender que el dar respuesta a esos comentarios, es lo mismo que tratar de apagar el fuego con gasolina: un grave error. Es más productivo suprimir nuestras ganas de responder, usar el botón de bloquear y dar por terminado el asunto, o en este caso, el insulto. De lo contrario, podemos desatar en redes un “incendio” que no podemos controlar y seguramente nos va a acabar chamuscando.

Coincido con @MalaMadre, Jefa de Análisis en Animal Político, en que fue un error del equipo de comunicación haber mostrado al presidente un tuit con insultos de un desconocido a su esposa, y peor aún sin verificar la identidad de quién profirió el insulto. Seamos honestos, nadie se puede quedar impávido ante esas vulgares palabras para su pareja. Desafortunadamente, el error del equipo de comunicación, desató un incendio de grandes proporciones en redes sociales que lastimó innecesaria e inmerecidamente a la persona que pretendían defender.

El diccionario de Oxford define insulto, como una acción que ofende o humilla a una persona. Lo que al diccionario le faltó aclarar, es que ese insulto habla más sobre la calidad moral de persona que lo profiere, que sobre la que pretende ofender o humillar. Y eso deberíamos de tener en mente antes de proferir un insulto o enojarnos cuando lo recibimos. No voy a repetir las palabras del autor de tuit (que no merece reconocimiento alguno) pero no son las que una persona racional debería usar para referirse a una mujer. Y aquí no hay colores partidistas. Igual de mal están quienes insultan a la actual esposa del presidente, como los que insultan a las esposas de presidentes pasados. Lo mismo aplica para los insultos que vemos todos los días en el congreso de unos diputados o diputadas a otros, los que provienen de servidores públicos o de ciudadanos. Insultar y denostar no es el camino para llevar a buen puerto una discusión y mucho menos para construir un México mejor. Centrémonos en lo importante: en ideas o propuestas, no en insultos. Como bien dijo Ruseeau: Los insultos son los argumentos empleados por alguien que está equivocado y hablan más de quién lo declara que del destinatario. Recordémoslo todos antes de proferir alguno.


Buen domingo y gracias por leerme.

Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT o enviando un correo a: info@neteandoconfernanda.com

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