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  • Fernanda de la Torre V

El Camelot de Croacia


Esta semana terminé de ver la serie House of the Dragón, de HBO. No voy a dar spoilers para quienes no la hayan visto, pero me recordó este escenario de la serie Game of Thrones, que visité hace algunos años: La Fortaleza de Klis, conocida también como el Camelot de Croacia. Dejemos que ella misma nos cuente su historia:

Si los muros hablaran... La Fortaleza de Klis, el Camelot de Croacia


“Durante más de veinte siglos, mis muros, testigos mudos de la historia, han velado por el descanso de reyes, sultanes y santas, han conocido el coraje de los hombres en batalla, su felicidad en la victoria y su desesperación en la derrota. Soy la Fortaleza de Klis, conocida como baluarte del cristianismo o el Camelot de Croacia.


Mi forma ha ido cambiando con el paso de los siglos, lo que no se ha modificado es lo estratégico de mi ubicación. Klis se encuentra a 360 metros sobre el nivel del mar, entre las montañas de Mosor y Kozjac, punto crucial entre el Mar Adriático y los Balcanes. Fueron los ilirios, tribu dálmata, quienes –entendiendo la importancia del lugar– levantaron mis primeros muros en el siglo II AC ¡Cuánto tiempo ha pasado! Roma todavía no era un imperio y tampoco formábamos parte de él. Durante más de un siglo, mis muros resguardaron a valientes soldados en las revueltas de los dálmatas contra los romanos. La última tuvo lugar en el año 6 de nuestra era. Tras su victoria, los romanos ocuparon mis muros. El imperio crecía y yo, con él. Para ellos, mi cercanía con Salona, una de las ciudades más importantes, era vital. Si algo he aprendido es que los imperios no son eternos y los romanos se marcharon a la llegada de los eslavos en el año 614 dC. Ellos, además de fortaleza, me utilizaron como como un lugar para controlar las epidemias que venían de los Balcanes. Mis muros resguardaban a las personas enfermas hasta que pasaba el peligro, evitando contagios.


Mis muros son la cuna donde nació el país donde me encuentro, desde que el Duque Mislav, me eligió como sede de su trono en el siglo IX, mis muros cobijaron a muchos gobernantes de Croacia. Aquí residió nada menos Trpimir, quien llamó a este territorio “el Reino de los Croatas” y se auto nombró su jefe, con la ayuda de Dios. Defensor cristianismo, sus esfuerzos perseveraron, ya que con el tiempo el Papa León X, nos llamaría: “baluarte del cristianismo”. La historia dice que en 1217 los Templarios fueron mis propietarios por un breve periodo, quizá, por ello hoy me llaman el “Camelot” de Croacia.


En el siglo XIII Europa enfrentaba la amenaza de los mongoles. Hungría estaba destrozada por las invasiones de los tártaros. El rey Bela IV huyó a Croacia. Mis muros le dieron refugio a él y a su esposa María Laskarina. Tiempo después, estas viejas murallas escucharon el primer llanto de su hija Margarita. Devota desde su más tierna infancia, prefería el rezo a los juegos infantiles. Cuando volvieron a su tierra natal, desdeñó los lujos y se fue a vivir a un monasterio. Esta niña pronto sería conocida como Santa Margarita de Klis, o Santa Margarita de Hungría. A pesar de que su canonización tomó siglos, fue venerada desde la Edad Media hasta nuestros días.


El ejercito del Imperio Otomano había tomado buena parte de los Balcanes en el siglo XVI. Como era de esperarse, llegaron también a mis murallas y las sitiaron. No les fue fácil tomarme. El sitio duraría más de dos décadas. En 1537, los otomanos finalmente lograron la victoria y pasé a ser parte de su imperio. Tuvo sus ventajas, por ejemplo, aquí vivió la princesa Mirhrimah, hija de Suleiman el magnifico y su esposa Hurem. Mrihrimah ademas de acompañar a su padre en sus viajes, fue una mujer de gran corazón que construyó hospitales, escuelas y mezquitas. Su dominio tampoco sería eterno. Recuerdo el día en 1648 cuando los soldados del sultán Mehmet, al divisar a las tropas del general Leonardo Foscolo, organizaron una pelea de gallos. Nombraron a uno Marco y al otro Mohamed. Al ver que el primero ganó al sobre el segundo, entendieron que era una profecía de su derrota. Así tras la Guerra de Candía, pasé a ser parte del Ducado de Venecia y la bandera de San Marcos ondeó en mi mástil. Los venecianos estuvieron aquí hasta 1797. Durante su estancia rehabilitaron mis murallas y construyeron varios accesos. Transformaron la mezquita que dejaron los otomanos en la iglesia de San Vito. Sin duda, mi edificio más hermoso; tanto, que el mismísimo Foscolo acudió a la primera misa.


Después vendrían los austriacos. Ellos también reforzaron mis murallas y construyeron un puente. Si piensan que mi azarosa historia termina ahí, se equivocan. En el siglo XX del Imperio Austro-húngaro pasaría a formar parte del Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos, que más tarde se convirtió en Yugoslavia. Finalmente en 1991 regresaría a manos del gobierno Croata. Muchos cambios para tan solo cien años.


¿Me creerían que con toda esta historia a cuestas, miles visitan mis muros porque fui escenario de la serie Juego de Tronos? Así es. No me preocupa. Una vez que los visitantes cruzan mis muralla y conocen mi historia, me miran con respeto y admiración pues reconocen que mis muros, mas que escenario de Juego de Tronos, han sido protagonistas principales de la serie más fascinante de todas: la historia de la humanidad”.




Feliz domingo a todos. Gracias por leerme.

Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT o en mi correo: info@neteandoconfernanda.com




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