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Envidia, una mala inversión



“No sobrevalores lo que has recibido, ni envidies a los demás. Quien envidia a los demás no obtiene la paz de espíritu.” -Buda


Ira, gula, soberbia, lujuria, pereza, avaricia y envidia. Son los pecados capitales o cardinales de acuerdo a la Iglesia Católica, porque son la fuente de muchos otros otros pecados. Todos son molestos, inconvenientes y han acompañado a la humanidad a lo largo de la historia. Hoy quiero centrarme en la envidia y la inutilidad de la misma.


En su esencia, la envidia surge cuando percibimos que alguien más posee algo que deseamos. Ya sea éxito, riqueza, talento o incluso relaciones personales, la envidia puede manifestarse de diversas maneras, desde la admiración hasta la hostilidad. Su presencia se extiende por todos los ámbitos de la vida, incluyendo las relaciones personales, el ámbito laboral y la esfera creativa. El problema con la envidia es que generalmente no se queda ahí, esta emoción generalmente conlleva el anhelo de que la persona envidiada se vea perjudicada.


Lo cierto es que el entorno actual no es favorable para liberarnos de la envidia. En un mundo cada vez más conectado a través de las redes sociales, la envidia puede intensificarse al ser testigos de los logros y experiencias aparentemente perfectos de los demás. Las comparaciones son odiosas, pero compararnos con las vidas que muestran otros en redes sociales es no solo absurdo sino peligroso, en donde nuestro ego puede salir muy lastimado.


Siempre he creído que la envidia es una pérdida de tiempo ya que el sentirse mal por la buena fortuna o dones del otra persona no hará tenerlos.  Envidiar el talento de otro no te hará talentoso. Envidiar el dinero de otra persona no te hará millonario. Es un sentimiento bastante inútil; pero además peligroso ya que te deja enfocado en lo que no tienes, en vez de centrarte en lo que sí tienes, en tus dones y talentos para ver como puedes capitalizarlos. La envidia nace de la ignorancia o de la falta de fe de las personas en sus propios dones. -Jean Vanier.

El éxito, logros o buena fortuna de otros, deberían ser fuente de inspiración más que de envidia. Si el viaje de que hizo tu amigo te hace sentir envidia, es buen momento para empezar a ahorrar para ir a un lugar que quieras conocer y este en tu presupuesto. Si la promoción de algún colega hace que te llenes de envidia, no pierdas en tiempo con esa emoción, mejor analiza las cualidades que le llevaron a obtenerla y esfuérzate por tenerlas.

El sentir envidia, puede convertirse en una oportunidad para el crecimiento personal, si nos ponemos a trabajar para obtener lo que queremos. El quedarnos atrapados sintiendo envidia y malvibrando a la persona que envidiamos es una total y absoluta pérdida de tiempo, que es nuestro mayor tesoro. Una mala inversión por donde se le vea.



Gracias por leerme. Buen domingo a todos.


Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT o enviando un correo a: info@neteandoconfernanda.com




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