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  • Fernanda de la Torre V

El cajón de “no-me-importa”



Todos sabemos que es importante vivir en un entorno ordenado. Minimiza la sensación de confusión y ayuda a despejar la mente. Nos hace sentir bien. Revisar los cajones, los clóset y tirar lo que no sirve es muy positivo. En ocasiones resulta difícil porque no queremos soltar ciertos objetos que son recuerdos. Y ahí se quedan acumulando polvo hasta la siguiente revisión. Hoy quiero hablar de un cajón virtual que existe en nuestro cerebro y cuya revisión, puede resultar dolorosa, y a la vez, darnos mucha información sobre quién eres en contraposición de quién crees o dices ser.

El cajón de “no-me-importa” puede resultar muy útil para guardar todo aquello negativo e intrascendente y lo que por cualquier razón ya no tiene espacio en nuestra vida, como esa relación que en algún momento nos hacía felices, terminó y un buen día nos es indiferente. Ya ni siquiera echamos una mirada a Instagram para saber como está. Si lo recuerdas o no, es algo que no mueve ni una fibra de tu cuerpo. Deseas que le vaya bien y punto. Simple y sencillamente sin darte cuenta, la guardaste en el cajón de “no-me-importa”.

El cajón del “no-me-importa” es muy útil para guardar las afrentas y desavenencias familiares. En vez de seguir atorado con el resentimiento, perdonas. Es difícil, pero posible guardar en ese cajón todo aquello que nos lastimó, nos hizo sentir menos y nos desvió de nuestros objetivos. Ya una vez que guardaste algo doloroso en el cajón no es necesario echar llave ni candado. Con que esté ahí es suficiente. Cómo diría Borges: “Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”.

Si bien es un cajón muy útil, es también un cajón que puede ser peligroso. En cuestiones laborales o escolares, como en todas las demás, hay que revisar bien qué ponemos en ese cajón y estar bien seguros que no guardamos, sin querer, el amor o dedicación a lo que hacemos. Cuando no le das importancia a la escuela o a tu trabajo, es muy difícil que tu jefe te de un aumento de sueldo o un maestro te ponga una buena calificación.

Hay quienes guardan en el cajón de “no-me-importa” la honestidad y sin miramientos tranzan a quien puedan en la medida que les sea posible, mientras, claro, critican a otros de corruptos y deshonestos. Ven paja en ojo ajeno y no ven viga en el propio. Piensan que esos hurtos hormiga en su empresa, o la descarada evasión de impuestos, engaños a clientes y proveedores, son cosa-de-nada, algo sin importancia. También hay algunos políticos que guardaron ahí las ganas del servicio a México y sólo ven para sus intereses personales. Los hay de todos los colores. Dicen una cosa, pero hacen otra. Supongo que en ese cajón Gonzalo N. Santos guardó a la moral antes de declarar: "La moral es un árbol que da moras, o vale para una chingada". Para quienes viven en un permanente doble rasero, la revisión de esta cajón será sin duda molesta, ya que sin duda les reflejará su doble moral.

Existen hombres y mujeres que guardan sin mayor problema en el cajón del no-me-importa las promesas de fidelidad que hicieron cuando se casaron y le ponen alegremente los cuernos a su pareja (en vez de hablar con ella y acordar una relación abierta o poner fin a la que tienen). Se cobijan bajo el lema: “Me enamoraré muchas veces, pero jamás me divorciaré”. Cuidadosos en sus deslices, para ellos, el que los demás piensen que están un buen matrimonio es más importante a lo que en realidad sucede. Las apariencias son los ladrillos con los que construyen su vida y algunos, acaban por creer sus propias mentiras.

Tristemente, algunos guardaron en ese cajón del no-me-importa sus sueños e ideales. Depositan, casi sin darse cuenta, esas causas en las que estaban comprometidos y los sueños de su juventud para cambiar un poco el mundo para mejor. Se vuelven críticos de todo, nada les parece, pero tampoco proponen nada. Son expertos en señalar con su dedo acusador todo lo que está mal, pero resultan incapaces de mover ese dedo para ver lo que está mal en sus vidas y cambiarlo.

Hay quienes guardaron en el cajón del “no me importa” la congruencia. Y llegan al grado de aplaudir lo que antes criticaban y de justificar lo injustificable. En otras ocaciones callan ante las mismas situaciones que antaño los llevaban a manifestarse públicamente. O se vuelven insensibles a lo que antes les indignaba. Parecería que ya no importan los temas que antes fueron fundamentales, como que el ejercito esté en las calles o que la corrupción siga infiltrada en la vida pública. Quizá, junto con la congruencia, guardaron la capacidad de cuestionar, ser críticos y pensar por sí mismos.

Irremediablemente terminaremos nosotros en el cajón de no-me-importa de alguien más. Sea de una amistad a la que lastimamos y quizá nos perdonó pero no quiere saber más de nosotros; o un amor al que maltratamos y quizá no nos desea ningún mal pero tampoco le interesa lo que hagamos de nuestra vida. Muchos conocidos nos habrán puesto en ese cajón, situación que no tiene la menor importancia, porque esas cosas suelen ser recíprocas y nosotros seguramente también los hemos acomodado en el nuestro.

Una buena revisada al cajón del no me importas es indispensable. Si guardas lo que te detiene, agobia, baja tu autoestima, gente que no debe estar ya en tu existencia, seguramente estarás mejor y más feliz. Pero si depositas ahí tus sueños, ética, la honestidad tus ganas de salir adelante. ¡Cuidado! Todo lo que hacemos tiene consecuencias y lo que depositamos en el cajón de no-me-importa no es la excepción. El karma es molesto, pero inevitable.

Buen domingo a todos. Gracias por leerme.

Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT o enviando un correo a: info@neteandoconfernanda.com


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