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  • Fernanda de la Torre V

Dios mío ¿qué hacer?

“Integridad es la totalidad y lo que verdaderamente eres, no lo que crees sobre ti mismo o lo que pretendes ser”. -Don Miguel Ruiz




Nos guste o no somos responsables de lo que decidimos. Muchas veces, las consecuencias de nuestras decisiones son imprevisibles y aún así somos responsables de ellas. No hay más. Tomamos decisiones; todo el tiempo, es un proceso continuo ¿Café o té? ¿Vestido rojo o negro? ¿Por aquí o por allá? No nos damos cuenta, pero son miles, durante el día. Existen decisiones intrascendentes que tomas sin pensar y otras que requieren de horas (días o años) de análisis, estudios, cálculos, preguntas y más preguntas. Estas son las peores. Te das cuenta que ambas opciones tienen ventajas o implican riesgos. Muchas veces, esos riesgos no son sólo para nosotros, sino que hay más involucrados. Entre más afectados haya, más necesaria es la reflexión. Pedir consejos y después de escuchar varios, tener la humildad de aceptar que estábamos en el error y seguirlos o bien, tener la fortaleza de apechugar nuestra decisión sería lo ídoneo, pero muchas veces parece imposible.

No hay certezas a la hora de decidir. Tampoco hay recetas para tomar mejores o peores decisiones. Informarnos, buscar estadísticas de situaciones similares, pueden ayudar a mejorar las posibilidades de éxito, pero tampoco son garantía. Hay temas que no se pueden decidir con la opinión de una sola persona, por ello, hay que tener la aprobación del congreso o del consejo de administración. Por ello las desiciones trascendentes para un país o empresa son colegiadas. De ahí el peligro de un autócrata o un tirano.

¿Cuáles serían estas medidas que nos ayudan a tomar mejores decisiones o de menos a sentirnos menos mal con nosotros mismos? Recetas sencillas, en verdad:

No actuar en en enojo. El enojo nubla nuestro entendimiento, es una venda sobre nuestro juicio; igual de peligroso que tener una venda en nuestros ojos. ¿Cruzarías así la calle? No. Tomar decisiones cuando estamos enojados es igual de peligroso. Por algo dicen que la venganza es un plato que se come frío.

¿Cómo me voy a sentir después de tomar la decisión? Si la respuesta es mal, avergonzado o culpable, esa decisión requiere de otra muy buena pensada. Si dudamos de lo que es lo mejor para nosotros, o si pensamos que si esa acción (mandar un video cachondo, por ejemplo) es conocida, nos sentiremos avergonzados, vale la pena desistir.

Finalmente otra pregunta que debemos hacernos cuando estamos en una encrucijada es: ¿Cuál es la opción que me va a causar más arrepentimiento? Listo. Si dudamos en viajar, pedir una disculpa, dejar un trabajo, declarar nuestro amor o-lo-que-sea; recordemos que el hubiera no existe y vale más la pena arriesgarnos, aunque el resultado no sea cómo esperamos, que vivir en un eterna incógnita. Por doloroso que sea, tienes certezas en vez de “hubieras”, ya sabes que la otra persona no quería una relación contigo, o que el trabajo no valía la pena, que el dinero fue malgastado, que no era una buena persona. Lo siguiente es aprender de ese dolor o pérdida. Tomas un riesgo y puedes perder o ganar pero tienes certezas en vez de hubieras. Y créanme esas certezas pueden doler (-seamos honestos una infidelidad o la traición de un amigo, duelen en el alma) pero a la larga, duelen mucho menos que un “hubiera”.


Buen domingo a todos.


Me gustaría oír tu opinión. Deja por aquí un comentario o escribe a: info@neteandoconfernanda.com o en Twitter @FernandaT



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