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  • Fernanda de la Torre V

Dejémoslo en placeres…



Llamamos “placeres culposos” a aquellas actividades que nos causan placer pero de las que nos sentiríamos avergonzados si otras personas lo supieran. Estas actividades pueden ir desde ver películas o series rosas, leer novelas mediocres, escuchar ciertas canciones o comer comida chatarra. En resumidas cuentas: es algo que disfrutas, pero darte ese gusto, te hace sentir mal.


Hacer algo porque nos gusta y disfrutamos, no debería hacernos sentir mal, mucho menos, culpables. Sin embargo, hay muchas cosas que disfrutamos por unos momentos y después nos hacen sentir mal muchas horas. “Todo lo bueno de la vida, -decía la madre de una amiga-, engorda, hace daño o es pecado”. No sé de dónde sacó la frase, lo cierto es que cuando comemos un postre delicioso, (lleno de calorías), en vez de estar en el "paraíso del sabor” un buen rato”, terminamos por sentirnos culpables durante muchas horas. Absurdo, pero cierto. Así, el placer que nos causó ese postre termina siendo contraproducente sobre todo si nos amargamos (y amargamos a los demás) hablando horas de las calorías excesivas que consumimos.


La culpabilidad por algo que disfrutas es subjetiva. Los sentimientos negativos que le damos a algo que nos da placer tienen que ver con nuestras creencias, más que con la realidad. ¿Por qué deberíamos sentirnos culpables por hacer las cosas que disfrutamos, mientras no lastimemos a nadie? Si te gustan las películas o series de televisión rosas, pasar horas en la cama sin hacer nada, o la comida chatarra cargada de calorías, ¿por qué no disfrutarlas? Para mí, quedarme en la cama flojeando o leyendo es un gran placer, que jamás me ha hecho sentir culpable ni capitalista. Sin embargo, un amigo me confesó que él no puede quedarse en la cama porque de niño le dijeron que del ocio era la madre de todos los vicios. Si se queda en la cama, se siente profundamente culpable por no hacer “algo de provecho”, como si descansar y recargar las pilas no fuera de provecho.

El problema no está en buscar el placer, sino en el exceso. Mientras disfrutemos algo con moderación, no debería generarnos ninguna culpa. Moderación es la palabra clave para liberarnos de la culpa.

Encontrar el balance es difícil, pero para tenerlo, tenemos que tener momentos de ocio, así como de trabajo arduo. Momentos de comer saludable y momentos de disfrutar comida chatarra o llena de calorías. Hacer algo que nos gusta para sentirnos mal, no tiene sentido. Quitémonos lo “culposo” y dejémoslo en placeres…


Buen domingo a todos. Gracias por leerme.


Espero tu opinión dejando un comentario en el blog, en mi cuenta de Twitter @FernandaT o enviando un correo a: info@neteandoconfernanda.com


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